Quimbaya no está en el radar gastronómico de los guías de viaje, y eso es exactamente lo que lo hace interesante. Los restaurantes del pueblo sirven a los quimbayas y a los caficultores de la región, no a los turistas de paso. Eso significa porciones generosas, sabores honestos y precios que reflejan la realidad local. La fonda paisa en su versión más auténtica vive aquí.